jueves, 25 de noviembre de 2010



Quizás estaba cometiendo un error de tipo II, situándome en el fondo de lo más hondo. En una llanura abisal que desbordaba oscuridad. Donde nadaban, despreocupados, peces en blanco y negro con lucecitas en sus mejillas. Ignoré la imposibilidad de mi hundimiento. Mi corazón todavía flota. Y a pesar de mí, sigue dentro de mi pecho. Mi cabeza desvirtúa el horizonte. Convirtiéndolo en una metáfora curvilínea capaz de pasar desapercibida entre el tráfico. En ningún momento pensé en la inmensidad del mar ni en el miedo que podría dar. Malgasté todo el tiempo preguntándome qué hacía flotando a la deriva si tu ciudad no tiene mar. Ni desde el edificio más alto podrías verme. Pensaré fuerte en ti, cerraré los ojos durante unos segundos y comenzaré a nadar como si un monstruo me persiguiese. Llegaré extasiado a la orilla y correré hasta la estación de tren. Allí sólo tendré que coger el primer tren que me lleve a tu casa. Me calmarás desenredando un poquito la luz que no conseguí atisbar. Con tus mejillas encendidas me enseñarás que no es tan terrible que un pez carezca de color. Me sorprenderás mostrándome una foto tirada desde el edificio más alto de tu ciudad en la que aparezco haciendo el muerto en mitad del mar. Yo pensaré que sonreír es un buen final.

4 comentarios:

Espanto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Clementine dijo...

Dios, poca gente me transmite lo que tú me has trasmitido con tus palabras.
Escribe más..

anticasitodo dijo...

Clementine, no seas exagerada.

Ana L dijo...

no te subestimes.