Desperté con sangre en las rodillas. Tú, él, ella, todos vosotros habéis huido alguna vez. Por esto, contáis estrellas de mar. Yo disimulo y tropiezo cuando lo intento. Lastimo mis rodillas y no sonrío. Disfruto observando como la sangre resbala hasta los tobillos. La sangre yace tranquila en el suelo y pienso que he vuelto a ser mi propia víctima. Podría anudar mis piernas, como si fuese una sirena, y cerrar los ojos para que el salitre no los enrojeciese pero debéis saber que adoro verme reflejado en mi propia sangre. Verme solo. Llorando, sufriendo, desgarrando cada uno de mis músculos, arañando las entrañas, mordiendo las costuras que me atan al respirar. Luego llega el momento de flaquear. Todo empieza a nublarse. No quiero que acabe. Clamo al asfalto que haga sangrar mis rodillas, clamo al lado más afilado de tus labios que haga sangrar los míos. Hasta que desfallezco en tu búsqueda y despierto con sangre en las rodillas.
6 comentarios:
Que si antes fuimos algo ahora no seremos nada, porque no empezar por el final, decir tal vez, te odio porque no me amas, ir andando hacia tras, y chocar con una momento de felicidad, y saltarme nuestra historia, y con mil arrugas recordarte lejano tan cerca…inacabada.
es bello.
También la sangre.
Nunca te habia leído, escribe más, porque me has removido las entrañas.
anónima, envíame un correo con la palabra "rojo" y sabré quién eres
no encuentro tu correo, no me conoces pero si quieres deja tu correo y te escriboo "rojo"
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